En la trayectoria de Antonio Machado se distinguen tres etapas diferentes:
La primera etapa, con Soledades(1903), inicia una estética modernista y simbolista con su obra ampliada, “Soledades, galerías y otros poemas”. Su poesía suma la raíz romántica de Bécquer y Rosalía de Castro, el simbolismo francés de Verlaine que es sugerente y evocador, y la brillantez formal de Rubén o los parnasianos.
Su lírica es intimista; el poeta transmite sus sentimientos de tristeza y hastío, y llora el vacío de su presente mediante numerosos símbolos: la melancolía de las tardes otoñales, los viejos parques…Espacios a los cuales va aproximándose a través del recuerdo, del sueño o de las ensoñaciones.
Símbolos que encontramos son:
El paso del tiempo: la infancia, el reloj, la tarde, el paso de las estaciones, el agua (cuando fluye), los caminos, las galerías.
La monotonía: la noria, el mundo infantil.
La muerte: las campanas y campanarios, los cementerios, los cipreses, el agua (cuando está estancada o parada: lagos, charcas, mar).
La vida: sueño, camino, los ríos, agua (cuando brota).
La poesía y los poetas: abejas (los poetas), colmenas, miel (el poema).
Machado dialoga consigo mismo o interpreta los mensajes de la naturaleza, como los románticos; es un poeta-médium, capaz de entender el lenguaje de las fuentes del viento.
Usa acuñaciones verbales propias del Modernismo: “flamígero horizonte”, “crepúsculo fulgente”, “cielo lactescente”,…
La métrica es muy variada, predominan las rimas consonantes y de versos largos(dodecasílabos y alejandrinos). También encontramos: silvas, redondillas cuartetas, endechas…
Su léxico se caracteriza por la abundancia de adjetivos de tipo sensorial, sus construcciones de sinestesias, y el empleo de recursos fónicos como las aliteraciones y paranomasias.
Los temas principales son el tiempo y su transcurso implacable, la nostalgia del pasado y la confusión entre el presente y el pasado mediante recuerdos, la tristeza, la angustia de vivir, la soledad, el amor, la ausencia de amor y el deseo de tenerlo, el aburrimiento, el problema de Dios y la realidad.
Utiliza un estilo sencillo y de sensorialidad poco estridente, evocador, de musicalidad suave y cromatismo apagado y simbólico.
La segunda etapa, con Campos de Castilla(1912), a partir de la llegada a Soria en 1907, comienza un período menos intimista y más histórico, en el que el paisaje soriano cobra protagonismo. Es una poesía más descriptiva, refleja un paisaje real. En algunos poemas líricos también se produce la identificación entre el paisaje y el alma del poeta; otras veces, el paisaje provoca una reflexión histórica y crítica sobre la decadencia del presente y sobre el gran pecado hispánico, la envidia o el cainismo. Son poemas reflexivos y de estilo más retórico, aparecen palabras arcaicas o de tono épico que aluden al pasado guerrero de Castilla.
Poesías completas(1917) amplía Campos de Castilla, incluye el ciclo de Leonor, composiciones que recuerdan a la esposa muerta, y poesías de tema andaluz, en los que desarrolla una crítica social en tono irónico.
Los poemas de este libro podemos agruparlos en dos grandes bloques según los temas de que se ocupan:
El problema de España: el paisaje de Castilla como símbolo de España, la gente de Castilla y de España y la denuncia política.
El problema existencial: el amor y la muerte de Leonor, la religión, lo proverbial: muchos poemas del libro encierran un proverbio o un pequeño pensamiento sobre temas variados: política, religión, literatura, autobiográficos…
En la última etapa publicó Nuevas canciones(1924), una obra que defraudó por su carácter irregular. El aspecto más interesante reside en los Proverbios y cantares. Los poemas de este libro se caracterizan técnicamente por la influencia de la lírica popular: breves, esenciales, métrica de verso corto y rima asonante, sencillez lingüística general. En lo referente a los temas destacará la aparición de un nuevo personaje femenino, Guiomar, y con ella de nuevo el tema amoroso, aunque el recuerdo de la esposa muerta seguirá siendo importante en el libro.